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Ante la mirada del mundo, Boca y River jugaron una Superfinal de exportación.


El temporal pasó y el Superclásico mostró su mejor versión en la Bombonera. Fue un frenético 2-2  que prolongó el suspenso para la vuelta del 24, en el Monumental.



Una certeza. Si el mundo, como se esperaba, observó este Boca-River, pudo comprobar que el fútbol argentino y sudamericano gozan de excelente salud. Esa es la primera sensación, casi a flor de piel, que dejó esta primera Superfinal de la Copa Libertadores. El fútbol les ganó por escándalo a todas las desprolijidades que se dieron a lo largo de la competencia, signadas por las protestas y las dudas por las malas inclusiones. El juego, todopoderoso, hizo olvidar por completo las contramarchas que se dieron a lo largo de un sábado atribulado por los caprichos del clima. Vaya si valió la pena esperar que pasara el temporal.



Está claro que en el césped de la Bombonera –que lució pesado aunque impecable luego de soportar los más de 130 milímetros de lluvia que cayeron en las últimas horas- no se vieron las figuras rutilantes que se podrían ver en una final de Champions League. Entre los 28 jugadores que vieron acción tal vez no haya uno que hoy podría ser titular en un equipo top de Europa. Pero eso, no importó. La marca, el Boca-River, estuvo a la altura de lo esperado. Más allá de los altibajos, lógicos por la tensión, fue un show de altísimo nivel. Los dos equipos entregaron un espectáculo vibrante, furioso por momentos, que dejó a todos con ganas de ver la segunda función en el Monumental, el sábado 24. Ese día recién se sabrá quién será el campeón de América, el dueño de todas las sonrisas.


Boca mostró su poder de fuego. Ese poder de fuego que disimula sus carencias. Agustín Rossi, el que despertaba dudas, se hizo dueño del arco con atajadas que sostuvieron el cero cuando River era mucho más. Su actuación hasta dejó en veremos si Esteban Andrada volverá al arco en Núñez. Ramón Wanchope Ábila, que se fajó con Jonatan Maidana, Javier Pinola y Lucas Martínez Quarta, demostró por qué sigue siendo necesario a pesar de que tiene por detrás al explosivo Darío Benedetto, el héroe en las semifinales contra Palmeiras.



El cordobés se inventó un gol e hizo explotar a una Bombonera que comenzaba a sufrir. El mismo poder de nocaut que tiene Benedetto, que entró en el primer tiempo por el lesionado Cristian Pavón y volvió a romper esa paridad que había llegado casi sin que nadie se diera cuenta, en plena ebullición tras el 1-0 parcial.



Está claro. Cuando Boca pega, sacude. Sólo falló en esa del final, cuando Carlos Tevez dibujó una jugada de otros tiempos y Franco Armani, que no tuvo su mejor tarde, puso toda su humanidad para que la primera función terminara en parda ante una arremetida de Benedetto.


River, por su parte, mostró su poder de juego. El ingreso de Martínez Quarta para reforzar la defensa no resintió el funcionamiento del equipo de Marcelo Gallardo. Con Gonzalo Martínez como eje creativo, movió la pelota de un lado a otro hasta encontrar los espacios para lastimar con las subidas de Gonzalo Montiel y Milton Casco. Cuando River juega, asfixia a su rival. Lucas Pratto, muy generoso con sus movimientos, tuvo su recompensa con ese gol que nadie esperaba para el 1-1 parcial y con el salto que incomodó a Izquierdoz para el 2-2 final. El Oso pagó en esta primera final gran parte de los millones que se invirtieron para que llegara.


Otra certeza. El mundo, satisfecho por el espectáculo que se vivió en La Boca, volverá a sentarse frente al televisor para ver la segunda parte de esta batalla. El fútbol argentino y sudamericano, con todas sus limitaciones, también es capaz de entregar partidos inolvidables.



Después de las certezas, como siempre, quedan las dudas. Y las dudas pasan por saber cómo influirá este 2-2 para la revancha. Los jugadores de Boca se fueron con las cabezas gachas y Tevez, a puro insulto, usó el inflador para que el desánimo no se notara. Un sentimiento similar pesaba sobre los hinchas cuando entre reproches dejaban la Bombonera. Los de River no celebraron, pero salieron del campo de juego con la sensación de que tienen más herramientas para resolver esta serie. De hecho, el plantel, en su retorno a Núñez, se encontró con la euforia de sus hinchas.


Hay que determinar qué influirá más en la vuelta, en la que se definirá el campeón. La posible ausencia de Pavón, que dejó la cancha con una molestia, por el lado de Boca, o los retornos de Leonardo Ponzio y de Ignacio Scocco --deberá suplir al suspendido Rafael Santos Borré-- por el lado de River. Pero no sólo se trata de los intérpretes. También hay que poner en la balanza y esperar qué fortaleza se impone. El poder de fuego o el poder de juego. Por suerte, todavía falta lo mejor. 


informe Clarin

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