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En Mendoza, Central eliminó a Boca de la Copa Argentina.


Con el gol de Mauricio Martínez le ganó 1-0 y es el primer equipo en meterse en cuartos de final. Lo vivieron como un clásico y hubo jugadas polémicas. Los rosarinos ahora esperan por Banfield o Godoy Cruz.



¿Quién podrá frenar a este Boca arrollador? La respuesta a la pregunta que se hacía todo el fútbol argentino llegó desde Rosario. Fue Central el encargado de ponerle fin a la racha positiva del Xeneize, que hasta anoche parecía imparable. Fue en la Copa Argentina donde el equipo de Paolo Montero logró desarticular todo lo bueno que venía haciendo su rival en la temporada y quedarse con una victoria inesperada. 

Porque Boca llegó a Mendoza con el rótulo de favorito bien ganado ante un rival que el domingo había sufrido una de las derrotas más duras de los últimos tiempos, en su casa contra Banfield. Pero una vez más esta Copa Argentina de las sorpresas se encargó de dejar en ridículo todos los pronósticos. 

En el primer tiempo Central encontró la fórmula para frenar a Boca sin necesidad de hacer nada extraordinario. Orden, intensidad y concentración, todo en dosis importantes, le alcanzaron para anular el aceitado circuito del equipo de Barros Schelotto, que se metió en un embudo por méritos ajenos pero también por falencias propias. 

Tal vez por primera vez en la temporada, Boca no estuvo cómodo en un partido. Le costó el traslado porque Fernando Gago nunca pudo imponer su ritmo, Pablo Pérez no estuvo fino y Edwin Cardona se perdió en la intrascendencia jugando por la izquierda. Y si ellos no imponen condiciones, a Boca todo le cuesta mucho más. 

El que mejor leyó lo que pasaba fue Darío Benedetto. Como la pelota no llegaba limpia, salió del área para asociarse y jugar con criterio. Así se generó solo una jugada de peligro, tomando la pelota casi en la mitad de la cancha, avanzando por el centro y rematando muy cerca del palo del Ruso Rodríguez. 

Pero el partido se jugada como quería Central, que esperó su momento para intentar lastimar. Y eso ocurrió con jugadas de pelotas paradas. Así llegó un corner, un rebote y un remate de Gustavo Colman que Pérez “atajó” en su área. Penal claro para todos, menos para Fernando Rapallini que juzgó la maniobra casual y no lo cobró. 

Esa no fue la única equivocación del árbitro que a los 25 minutos cobró una falta inexistente para Central sobre la izquierda y de ese tiro libre llegó el gol de Mauricio Martínez. El mediocampista aprovechó el descuido de Leonardo Jara para ganarle la espalda y definir de volea cerca del área chica, ante el indefenso Guillermo Sara. 

El partido se transformó en otra prueba de carácter para Boca. Pero anoche, en la fría noche mendocina, falló por primera vez en mucho tiempo. Central le cerró los caminos con dos líneas de cuatro bien plantadas, con laterales que pocas veces cruzaron la mitad de la cancha y con Colman y Martínez copando el medio. 

Por eso Boca intentó en el segundo tiempo principalmente con remates de larga distancia, un recurso que no está acostumbrado a utilizar. Tal vez por eso los desesperados disparos de Gago, Jara o Cardona no alcanzaron a inquietar seriamente a Rodríguez. 

El ingreso del uruguayo Nández le dio otro impulso, pero no alcanzó para quebrar la resistencia rosarina, que volvió a eliminar al Xeneize de la Copa Argentina, como ya había ocurrido el año pasado. 

No fue una derrota más para Boca, que sólo hasta los octavos de final del torneo federal y de aquí hasta fin de año sólo tendrá como desafío la Superliga. Demasiado poco para tanta expectativa que genera un equipo que frenó su marcha triunfal en Mendoza.



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