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♫ FM EL SIGNO ►EN EL AIRE

¿Quién es Gustavo Valdés y por qué fue el elegido de Colombi?


El Gobernador dio por terminada la novela y presentó a Gustavo Valdés, un hombre de su riñón político al que preparó durante largos años para este momento. Se acabó también una etapa de disputas internas en la UCR, donde surgieron pretendientes como hongos cuando cayó la posibilidad de una reforma constitucional que habilitara la re-reelección. En estas líneas, el perfil de un hombre que genera adhesión, pero también resistencias, sobre todo dentro de su propio espacio político. Con respaldo pleno de Colombi y del Gobierno nacional, intentará llevar a 20 años el predominio radical en Corrientes. 




Por Eduardo Ledesma

Gustavo Adolfo Valdés es, pese a su juventud, un viejo afiliado a la Unión Cívica Radical (UCR). Actualmente representa a la provincia en la Cámara de Diputados de la Nación, desde donde -dice- defiende los intereses de los correntinos. “Luchamos por la autonomía provincial y el federalismo. Patria, Libertad y Constitución”, reza su austero (y más bien tirando a pobre) cartel de marketing personal. Su página en Facebook fue mejorada en las vísperas, pero es anterior a la unción de Horacio Ricardo Colombi que lo convirtió, no sin discusiones, en el candidato a gobernador por la alianza ECO+Cambiemos. 
—Valdés es un militante de siempre -dicen quienes de adolescentes lo vieron sostener pancartas durante la campaña que resultó en la presidencia de Raúl Ricardo Alfonsín, a quien admiró y admira casi con fanatismo. 
Aquel adolescente vivió con euforia el retorno de la democracia y en 1985, con apenas 17 años, obtuvo su primer compromiso político: fue presidente del Centro de Estudiantes de su colegio en Ituzaingó. Más tarde, integró el “Movimiento para la Democracia Social” (Modeso), y de allí hasta hoy estudió, trabajó, militó y subió la escalera de su carrera que podría coronar en menos de 3 meses con la Gobernación de Corrientes.
Gustavo Adolfo es abogado egresado de la Universidad Nacional del Nordeste en el año 1994 y tiene una maestría inconclusa en la Universidad Nacional del Litoral, además de capacitaciones relacionadas con la actividad política en el país como en el extranjero. La última de importancia fue en Amsterdam, donde presenció el proceso de un “juicio en ausencia”, que se estudia en Argentina para juzgar casos varios, como los de lesa humanidad.
En 1997 ingresó como empleado en la Dirección Nacional de Migraciones y, un tiempo después, hasta 2001, fungió como jefe de la Delegación Corrientes de esa repartición donde aún hoy figura como empleado, aunque en situación de licencia. En paralelo, ejerció el Derecho y entre otras cosas fue apoderado de los bancos Nación y de Corrientes, hasta que se postuló como edil. 
Fue concejal de la Capital entre 2005 y 2009 y luego ministro de Gobierno, entre 2009 y 2013. Desde entonces es y, hasta el próximo 10 de diciembre, será diputado nacional por Corrientes, y miembro, por el bloque de la UCR, del Consejo de la Magistratura.
Desde hace casi 3 años integra ese Consejo clave, en representación de la primera minoría de la Cámara baja. Asumió en noviembre de 2014 en reemplazo de un legislador de Córdoba bien conocido en Corrientes por sus dotes mágicas de administrar dólares y convertirlos en Cecacor: Oscar Raúl “El Milico” Aguad.
Desde el 18 de noviembre de 2014, entonces, Valdés es el único correntino en integrar aquel órgano del Poder Judicial de la Nación, que se compone de 13 miembros, 6 de los cuales son legisladores. Su espacio es el de la minoría, que se completa con el chaqueño Angel Rozas por el Senado. Sólo otro correntino ocupó ese espacio, cuando era de 20 miembros: José Antonio “Pocho” Romero Feris, desde 1999 hasta 2001.  
Integra como vocal de la Cámara de Diputados de la Nación, además, la comisión bicameral de Fiscalización de Organos y actividades de Seguridad Interior; las comisiones de Juicio Político, de Justicia, de Legislación General, de Transportes y, una de las más importantes simbólicamente: la de Libertad de Expresión.
Fue su desempeño en estos espacios -dicen- una puerta de acceso y permanencia en los círculos selectos del gobierno de Macri, donde terminó despertando simpatías que fueron también fundamentales para su pre-elección.

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Gustavo Adolfo Valdés tiene 48 años y cumplirá uno más el 15 de octubre próximo (7 días después de las elecciones), por lo que será una semana de puro festejo o de depresión, todo dependerá de la inclinación de las urnas. 
Tiene una hermana mayor, y otros dos hermanos. Son 4 los Valdés.
Nació en Corrientes-Capital bajo el signo de Libra en 1968, pero fue criado en Ituzaingó, en el seno de una casa donde siempre se respiró, habló y ejerció la política. Su abuela paterna era dirigente autonomista, presidente de un comité. Su abuela materna, compañera peronista, simpatizante de Julio Romero. Ambas docentes. 
El es hijo de Juana Mosqueda, dirigente y ex concejal peronista en aquel rincón de la provincia que balconea a la represa de Yacyretá; y de Manuel Valdés, dos veces intendente de Ituzaingó por el radicalismo. Además, es sobrino de “El Burro” Octavio Valdés, quien fue también dos veces intendente de aquella localidad y luego legislador provincial por la UCR. Este tío suyo, por esas cosas que tiene la política correntina (fuertemente endogámica), fue quien truncó la aspiración de su cuñada de llegar a la intendencia. 
—Le ganó a mamá las elecciones-, recuerda hoy, entre risas, el candidato a gobernador. Ocurrió en 1997 esa compulsa entre su tío y su madre.
Está casado con Cristina Inés Garro: hija de un jefe de Gendarmería, nacida circunstancialmente en la provincia de San Juan y de profesión escribana, quien desarrolla sus actividades como personal de la Escribanía de Gobierno. También ella es militante de la UCR y referente del grupo denominado “Mujeres Radicales”. Se conocieron en la facultad y luego fueron novios hasta que contrajeron matrimonio en 1994. Ambos son padres de tres hijos: María Milagros de 23 (estudiante de Veterinaria), Manuel Enrique de 21 (estudiante de Ingeniería en Sistemas) y Gustavo Joaquín de 18 (terminó la Secundaria y analiza su futuro, mientras sostiene un intercambio cultural).
—Gustavo es de izquierda para escribir y de derecha para el resto de las cosas- dice un amigo que lo conoce puertas adentro, de entrecasa. 
Después de reír, agrega: 
—Es una persona muy gaucha. Con los amigos es generoso. Le gustan las cosas simples. Ir a pescar, Ituzaingó, la Isla Apipé. Es de practicar deportes aeróbicos, va al gimnasio. Pero también le gusta la música, el chamamé (que canta y baila), compartir con amigos, extender la sobremesa de alguna cena. Discutir. 
—Tiene una personalidad muy fuerte. Puede pasar de la risa a la discusión, al reto, pero no reacciona con exceso. Podríamos decir que es de vocalización muy firme-, agrega casi guiñando el ojo otro de los hombres que lo frecuenta los jueves, noches en las que Valdés se junta con los amigos que le dio la política. Casi siempre hay asado, bueno y bien regado.
—También esto -acota otro-: da la palabra y la cumple. Y si no le sale, lo reconoce. No es mentiroso, y eso le ha costado varios tirones de orejas.

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Sin que nadie conozca en detalle la planilla meritocrática que sorteó para llegar a colgarse la cucarda de heredero, Gustavo Valdés es desde ayer la versión corregida y aumentada de Arturo Colombi, el primo del gobernador que llegó y dejó el sillón de Ferré, puesto y depuesto por su pariente, luego de que el puente de las lealtades se rompiera con las primeras tormentas, entre 2005 y 2006.
—Pero ¿por qué es la versión mejorada?
—Porque es solidario con el proyecto. Porque es más inteligente. Porque tiene experiencia de gestión y en ese marco, si ganamos, va a ser un gobernador pleno-, dijo un analista partidario.
Otro fue más lejos:
—Gustavo Valdés es el mal menor para el sistema de ECO+Cambiemos: un general sin tropa que necesita de todos. Es joven y por lo tanto tiene trato con la juventud, pero a su vez es el único de los candidatos que no tiene jinetas suficientes para pasar a retiro a los gerontes del espacio, empezando por Ricardo Colombi y siguiendo por el presidente del partido, Sergio Flinta.
—Su debilidad fue su fortaleza. Porque al no tener un andamiaje territorial de la magnitud que el resto de los candidatos, Colombi le prestará el suyo, asegurándose así de que ninguno de los patos salga de la fila. De hecho: enseñados por Ricardo, todos aprendieron a nadar en círculos y, por lo que se ve, no hay ningún patito que vaya a nadar en línea recta con rumbo hacia el infinito.
No se sabe a ciencia cierta si estas evaluaciones están efectivamente medidas o constituyen una expresión de deseos de quienes las dicen. O si entrañan un resentimiento, como el de aquellos que se quejan del dedo sólo cuando este no los señala. Lo cierto es que el que se quema con leche ve la vaca y llora. Y Colombi lo sabe. Por eso, creen los más desconfiados, el Gobernador dejará, más allá de la confianza personal que le tiene a Valdés, granadas de activación remota por si alguien osa desconocerlo. Sobre todo, en su nuevo puesto de la “teoría de roles”. Explicado en simple castellano esto sería como un remedo de aquella vieja estratagema peronista que inmortalizó a Cámpora: Valdés al gobierno, Colombi al poder.

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—Si es por militancia, Gustavo es un gran militante. Si es por formación, Gustavo es un gran cuadro político. Si es por confianza, Gustavo es muy confiable. Pero la verdad es que no sé cómo se miden los méritos en la cabeza de Ricardo Colombi -dijo un dirigente y funcionario, congénere del actual diputado nacional.
Su dedicación y contracción al trabajo -según los que lo quieren-, jugó a favor de que el ituzaingueño sea presentado como candidato del oficialismo para intentar la patriada de seguir gobernando la provincia por otros 4 años, llegar a 20, romper todos los récords y sepultar las viejas glorias que el Pacto Autonomista Liberal cosechó en sus años de predominio absoluto.
Los que no lo aprecian tanto -personas que hay que buscar adentro más que en la periferia del gobierno y de la alianza oficial-, reconocen igualmente su obsesión para conseguir las metas que se propone. 
—Metódico como varios, frío como pocos-, dijo una fuente para retratarlo, y para poner en contexto su procedimiento para enfrentar la crisis de la elección interna, que fue más interna que crisis de elección.
La última fue una batalla grande, que enfrentó solo y ganó como un perro sabio: cerrando la boca para que no se le caiga el hueso. Así, dejó atrás nada menos que a Carlos Vignolo, a Sergio Flinta y a Eduardo Vischi. Y a otros tantos que intentaron catapultar su carrera política pisando las cenizas del líder, que todavía vive y manda.  
—Cuando se tuvo que poner enfrente a los pesados radicales, lo hizo. No es un hombre de arrear. ¡Ojo! -advierte alguien que lo trata con asiduidad semanal.
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Horacio Ricardo Colombi, el gran elector, patrón del gobierno, gestor de las ilusiones de perpetuidad e imitación caudillezca de Juan Ramón Vidal, jugó ahora su carta más brava:
—Es Valdés o la calle-, dicen algunos.
—Es Valdés o ni eso-, corrigen otros en una charla de cafetín.
Pero más allá del chascarrillo, hay preocupación, y un reclamo que se volvió unánime tras la borrasca interna del radicalismo:
—Lo único que te pedimos es que no te equivoques-, dicen que le advirtieron a Colombi.
—No me voy a equivocar y vamos a ganar-, dicen que respondió.
Fue así como se definió el nombre del pretendido sucesor. Una mezcla entre la seguridad de Colombi y las inseguridades del PJ, que no sabe o no acierta en los compromisos electorales.   
Dicen también que, al designar a Valdés, Colombi optó por un perfil similar al suyo: confrontativo, esquivo al diálogo o más afecto al monólogo, de posiciones fuertes y serias. Traducido más al negativo, esto refiere a veces a la parquedad y otras a una postura vecina del autoritarismo.
—Un capataz de estancia-, gritó un ex radical transversal en una ronda con estancieros.
—No-, dijo uno de ellos, mirándolo fijamente-. Quiere uno como él. Nosotros somos más educados. 
Hubo risas cuando se escuchó esto, pero también mohines adustos. Puestos a analizar la descripción, “uno como él” debería también contener a todos, cosa que no pasa puertas adentro -hoy- con Gustavo Valdés, que fue al menos en un primer momento muy resistido.
—Resistido por algunos dirigentes, y sólo de Capital-, precisó una ricardista de la primera hora, de cuando Colombi aún se movía en moto por Mercedes.
Sabido es, de todas formas, que el tiempo y la birome (si es que llega a poseerla) cambian las cosas. También que el miedo es un catalizador de la disciplina partidaria. Y el espanto del llano ya mandó a varios a la farmacia a comprar hepatalgina, según dijo por televisión un experimentado dirigente radical. La cosa es digerir rápido el trago, que es más amargo entre quienes querían ser y al final no fueron.
—Si alguien le puede reclamar algo a Colombi por lo de Valdés, somos los que estuvimos en las buenas y en las malas. No los que merodean. Algunos reclamos hay que tomarlos como de quien vienen -dijo la fiel ricardista (que habló, como todos los que lo hicieron para este perfil, bajo condición de anonimato).
En ese marco, alguien advirtió:
—Una cosa es puertas adentro, y otra cosa es de cara a la sociedad. Yo creo que, terminada la cuestión de la interna, Valdés será capaz de perforar esas resistencias y venderse como un hombre afable de cara al electorado en general. La verdad es que esperamos que así sea.

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Hace un par de semanas, uno de sus contrincantes internos más poderosos, el ministro Carlos Vignolo, fue el encargado de dar la noticia arropada como las del clero: indicó que la fórmula ya está definida y que el Gobernador sería el encargado de anunciarla. 
—Lo que puedo decir es que hay humo blanco. Ya hay candidatos y cuentan con el acompañamiento total e integral de la UCR y de la alianza ECO+Cambiemos.
La comunicación oficial se produjo ayer en el Salón Lapacho del Club San Martín, en el marco de un acto en el que presentaron también a varios aspirantes a intendentes.
Ahora empieza otra etapa: hacer de Valdés un candidato competitivo que achique las distancias que, según las encuestas, alejaron a “Camau” Espínola por su instalación perpetua, desde que perdió en 2013.

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En la previa, el diputado nacional dio pocas señales de su carrera por la postulación mayor. Sólo se le escuchó la voz para decir, luego de la victoria de Eduardo Tassano en Capital (en las elecciones del 4 de junio), que es un “buen indicio” de cara a los comicios para renovar el Ejecutivo provincial.
Consultado para este perfil, no aceptó responder por qué fue elegido. Tampoco quiso definirse, aunque después recalculó:
—Soy un afiliado radical, un militante político, colombista y ricardista.
Para completar la semblanza, amigos y adversarios hablaron por él. Y ante la pregunta sobre quién es realmente Gustavo Valdés, esto fue lo que dijeron:
—Gustavo Valdés es un tipo muy confiable, muy aplicado para lograr sus objetivos. Un trabajador incansable de la política. Un tipo muy solidario y comprometido con acciones para el desarrollo social. Un hombre muy exigente con su equipo porque siempre quiere ganar. Un gran conciliador. Un gran amigo. Un buen líder.
—Como concejal tuvo una destacada actuación, en permanente contacto con los vecinos, atendiendo a cualquier hora, especialmente en situaciones de emergencia. Fundamentó siempre su tarea en el estudio, en el trabajo y en el compromiso con la franja de la población en situaciones de vulnerabilidad. 
No hace falta decir desde qué orilla hicieron estas observaciones. Pero hay un lado B:
—No acepta que lo contradigas. Eso genera desencuentros y discusiones. A veces pienso que es autoritario y más en el trato con algunas mujeres. Es medio peyorativo. Hay por ahí mucha gente a la que usó y no le cumplió políticamente. Es posesivo. Te hace notar si hablás con alguien que no le gusta. Tiene su círculo cerrado de fieles. Ojalá lo cuiden. A veces creo que es peor que Colombi por soberbia y falta de equilibrio. Ojalá me equivoque. 
La síntesis la hace un viejo dirigente de esos que cenan con él los jueves, desde hace ya bastante tiempo.
—Gustavo es Ricardo. Lo idolatra. Pero es Gustavo. 


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